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Con el corazón partío

Ayer durante la cena de fin de año en la que no nos ponemos hasta arriba a penas un familiar me hizo un comentario, que dándole vueltas me ha parecido muy curioso y acertado. En realidad una obviedad de la que no te puedes percatar hasta que alguien la dice en alto.

Y es que tengo el corazón partío, como Alejandro Sanz… Pero es que en mi caso tiene díficil solución. La cuestión es que me preguntaban si tenía ganas de volver a Japón, y bueno en realidad tengo muchísimas ganas de volver. Pero también estoy encantado de estar por aquí. En definitiva no creo que ni a corto ni a medio plazo vaya a estar en ningún sitio sin dejarme un cacho de vísceras por otra latitud del planeta.

Esto es una maldición, porque sabes que no tendrás una felicidad plena, ya que es imposible tener las dos cosas. Pero pensándolo un poco más me doy cuenta de que en realidad es algo bueno que me hace vivir con más intensidad cada momento. Creo que es la incomodidad que suponen los cambios lo que me espabila y me hace estar despierto y no quedarme dormido en una vida monótona.