Kagurazaka, un pequeño Kyoto dentro de Tokyo

Kawarazaca

El martes pasado como ya os contaba estuve en unas fiestas universitarias en Japón, pero la intención de la visita no era esa si no visitar Kagurazaka un barrio de Tokyo al que se le conoce como el pequeño Kyoto. Aprovechando la nueva D90 hice millones y millones de fotos voy a compartir con vosotros una mínima parte de las que hice 😉

Vamos a ir haciendo el paseo basándonos en las fotos que es como mejor se cuentan las cosas:

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Este es el primer templo que vimos, uno bien pequeñito, mientras estábamos por ahí una mujer se acerco a rezar sus plegarias o lo que fuera que hiciese y yo aproveché el momento.

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De ahí nos acercamos a este segundo templo, que normalmente es un templo grande, pero esta en obras y ahora solo queda esta parte en activo, pero bueno, tiene su tori y todo así que ni tan mal. Una curiosidad es que en la caja de las ofrendas no solo había monedas si no sobres en los que ponía que había 10mil yenes (75 euros) y unos cuantos y claro por aquí a nadie se le ocurre llevárselo 🙂

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De ahí nos fuimos a otro templo, el más grande, la verdad es que muy bonito… pero lo cierto es que yo ya comenzaba a hartarme de tanto templo, por suerte era el último 😉

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En el paseo que dimos nos encontramos con esta tienda de las fotos de arriba. Resulta que era un tipo que se dedicaba a hacer mochilitas pequeñas para peluches, perros o lo que fuera. Estas mochilas son como las que se usaban antiguamente en España, pero que aquí las siguen usando los niños pequeños. Son así rígidas y muy duraderas, lo normal es comprarle una al niño en su primer día de cole y la usa hasta que lo termina y pasa al instituto donde dirá que querrá una adidas super molona o eastpack o la marca que este de moda. A Hiro le encantó y me pidió que hiciera estas fotos, creo que todos los japoneses tienen mucho cariño por este tipo de mochilas.

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A partir de aquí comienza ya lo que es la zona así más parecida a un barrio de Kyoto, un Japón más tradicional que la verdad es que era fascinante encontrárselo dentro de una ciudad tan moderna y cosmopolita como Tokyo y además a tan solo media hora caminando del pleno centro de la capital.

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Muchos de estos edificios son restaurantes donde sirven menús tradicionales japoneses. Los precios son más elevados de lo que suele costar comer en el resto de Tokyo, pero aún así no me parecían precios descabellados, por unos 20-25 euros podías comer en cualquiera de ellos.

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Este restaurante en concreto me llamó bastante la atención por pedazo de pez que tenían colgado en la entrada que al principio dudábamos si era de verdad, que además con la sombra que proyectaba y lo bonita que era la pared de detrás quedaba bastante bien. Seguro que alguien más habil con la cámara que yo hubiera hecho una auténtica fotaza.

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De pronto al girar una calle y sin previo aviso nos encontramos con una banda tocando en la calle y que lo cierto es que lo hacían muy bien. Además el suelo tenía un papel continuo pegado lleno de dibujos de niños. Cuando llegamos aún quedaba alguno pero tenía pinta de que hacía unas horas aquello debía haber estado hasta arriba de niños pintando, una lástima perderselo, pero así también era bonito. Me pareció una idea estupenda!

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Luego nos zampamos un nikuman en una de las tiendas más famosas de esto. Un nikuman es una especie de bollo de pan con dentro carne, esta bastante rico la verdad, aunque tampoco es de las cosas que más me gustan de aquí.

De refilón nos encontrábamos con otro templo, cuando pensaba que ya no vería más, pero bueno este era más divertido, ahora os cuento por que:

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A parte de porque en la puerta estaban todas las pinturas y el mural de la foto de arriba con ese kanji gigante, también era interesante porque dentro en el patio, en un barrio tan tradicional te encontrabas con que había una especie de jornada árabe que incluía un puesto de kebabs y un chico enseñando a jugar a un juego afgano entre otras cosas:

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Al salir vimos a un hombre haciendo un espéctaculo para niños y Hiroko me advirtió que era interesante porque estaba haciendo un tipo de espectáculo muy tradicional, consistía en una cosa de palos atados que si se dejaban deslizar se estiraban… buff es díficil de explicar. Saco a una niña voluntaria que para mi sorpresa era mezcla (mitad gaijin y mitad japonesa), Hiro me explico que en ese barrio hay muchos extranjeros. Tras aquello me fijé y me di cuenta que casi todos los niños asistentes al espectaculo eran mezcla.

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A la niña como recompensa le dio un muñequito de regalo 🙂 Y luego se puso a hacer el chorra con un taborcillo.

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Continuamos el agradable paseo por la calle donde algún niño aún quedaba pintando y donde pudimos comprobar que unos jóvenes que parecían voluntarios se dedicaban a limpiar la pintura que había caído al suelo y había manchado la carretera. Yo le dije a Hiro que era tempera que en cuanto lloviese se iría y que era la carretera que no molestaba. Ella se sorprendió diciendome que como iban a dejarlo así todo manchado…

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Luego continuamos paseando y vimos una tienda en la que vendían todos los productos que van alrededor del kimono, es decir las sandalias estas de madera, los abanicos, los parasoles de papel, de todo, era increíble y los precios también lo eran 😉

De ahí volvimos a la zona de restaurantes donde vi una cosa sorprendente, que era un cubo de extraños caparazones de tortuga, en ese restaurante la preparaban, desconozco como y creo que no quiero comprobarlo :S Eso si los caparazones eran geniales, quería llevarme uno pero Hiro no me dejó 😛

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El mismo restaurante tenía un sistema de desague bastante curioso, en lugar de una canaleta que quedaría fea tenían estos cubitos, tengo pendiente ir un día de lluvia para verlos en funcionamiento 🙂

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Después de esto Hiroko me llevo expresamente a un sitio, un restaurante, se paró delante del cristal y sonriente me dijo: mira! Y yo… comida de plástico, como en todos… y me dice… no, mira… miré mejor y me fije en que abajo tenían unos platos de comida increíble, un plato que era una montaña de gyoza (una especie de empanadillas), una gyoza hiper mega gigantesca y un plato totalmente inmenso de arroz. El precio era caro pero no exagerado, cuando seamos un grupo grande hay que ir a probar eso!

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Ya solo nos quedaba un bonito paseo a la sombra de los árboles hasta la universidad. Y si es bonito por lo visto no es nada comparado con como es en primavera que el sakura lo convierte todo en rosa/blanco y alucinas con solo pasar por ahí. Así que toca hacer esta misma excursión dentro de 6 meses 😉

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Y eso es todo, solo un tema a comentar, aún no le he pillado el truco del todo a la cámara, por lo que creo que aún me queda mucho que mejorar con las fotos, pero ya se le ven maneras a esta cámara que es acojonante estoy más que contento con su compra. Creo que haber comprado algo mejor hubiera sido demasiado de momento para mi y algo peor me hubiera arrepentido demasiado pronto 🙂

10 comentarios en “Kagurazaka, un pequeño Kyoto dentro de Tokyo

  1. Que lugar mas chulo! Si algun dia llego a viajar a japon (algun dia… jajajajaja) será una visita obligatoria. Ya veo que no desaprovechas el tiempo ^^

    Salut!

  2. Ese barrio es genial!!!!

    En el 2006 estuve 1 mes en una guesthouse en ese barrio, me encantó ^_^ Incluso tb estuvimos en el segundo templo.

    Pero lo que más me ha molado es la montaña de gyozas… que bueno! ^¬^

  3. Genial el reportaje, me han gustado mucho las fotos. Hecho en falta fotos vuestras 🙂

    Un abrazo.

  4. Interesantísimo; me lo apunto para que no se me olvide cuando vayamos a visitaros.

  5. ^_^ yo tb quiero una mochila de esas XD

    Pues lo que yo digo siempre, en Japón se te cae una galleta al suelo, y puedes seguir comiendotela 😛

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