Los puntos de partida

Los caminos de la vida

Era una tarde de verano, mis amigos de los scouts de toda la vida y yo nos habíamos juntado como tantas otras tardes de Agosto para pasarlas en donde más agusto se estaba en esas fechas en un terracita mientras nos echábamos unas cervecitas y unas risas. Ese día se nos acerco una persona de corta estatura que no supimos reconocer a primera vista pero que el si que nos supo reconocer a mi amigo Sebas y a mi. Tras el shock inicial nos dimos cuenta era D.A.

D.A. era un compañero del colegio al que me cambié al empezar quinto de EGB, resulto que el ya había repetido dos veces y claro en esos años la diferencia entre tener 10 años o 12 era bastante grande. En los siguientes años el se fue convirtiendo en un adulto que aun estaba rodeado de niños, cuando teníamos 14 años, el ya tenía 16 años y dejaba la edad del pavo para meterse en la vorágine que era la adolescencia. D.A. era un chico mucho mas musculado que nosotros y claramente en una etapa de la vida distinta a la nuestra pero atrapado en un grupo de pre-pubers. Además todos sabíamos que su situación en casa no era la mejor, no sabíamos los detalles, pero sabíamos que nuestro mundo de la piruleta donde no teníamos problemas más allá que nos castigasen porque nos habían encontrado ese 3,5 que habíamos sacado en el examen de historia que nosotros habíamos escondido debajo de la cama. Estando yo en octavo de EGB, D. A. empezó a juntarse más con los alumnos de FP que eran mas mayores que nosotros y que el, pero mas cercanos a su edad. Ahí nos contaba como comenzó a fumar porros y como nos parecía que estuviera vendiendo su alma al diablo o cosas mucho peores. Un día en clase se tuvo que ir ya que una de estas inhalaciones le hicieron estar indispuesto.

Terminó octavo de EGB y cada uno siguió su camino, nosotros continuamos estudiando el bachillerato y D.A. desapareció para vivir su vida, quien sabe que sería de el, nunca terminó de encajar nadie fue a buscarle.

10 años después nos lo volvimos a encontrar, ya no parecía un chico grande, aunque lo cierto es que no había cambiado demasiado, quizá eso fue lo que nos hizo no reconocerle, 10 años después esperas que una persona de 16 años haya crecido. El estaba prácticamente igual, en lugar de ser mas alto que nosotros era bajito, tenía el mismo corte de pelo y solo cambiaba en el que tenía los ojos como mas saltones, la mirada mas perdida y parecía menos espabilado cuando hablaba.

Lo primero que nos dijo tras contarnos lo que se alegraba de vernos fue acababa de venir de Soto del Real. Para mi fue como si alguien me cuenta que viene de Becerril de la Sierra o de Jerez de la Frontera… ah pues genial por ti. Pero Sebas fue mas espabilado y le preguntó: “de la cárcel?”, y si, resultaba que de ahí venía. Nos contó como había tomado las decisiones incorrectas en la vida y había terminado trapicheando en el mundo de las drogas y robando un coche, pero sin que le pillasen. En un determinado momento decidido enderezar su vida, pero claro cuando saltas al margen de la sociedad es muy difícil volver a ella, ya que ésta te repele con fuerza. Por fin tuvo una oportunidad de hacer una entrevista de trabajo en Barcelona, era una oportunidad extraordinaria, no podía dejarla pasar, pero no tenía dinero para llegar a Barcelona. Nos contó con total naturalidad que claro que tuvo que robar un coche para poder llegar hasta la ciudad condal, la forma en la que contaba las cosas me hizo entender que en realidad había robado mas de los dos coches que nos contaba. Es irónico que tu camino de re-enderezar tu vida lo hagas a lomos de un coche robado, pero a el nunca le pareció entraño. Si maldecía su suerte porque a mitad de camino en un control rutinario o quizá por un exceso de velocidad le parasen y descubrieran que el coche era robado. No solo le pillaron por ese coche si no por el anterior y se paso unos meses a la sombra.

Nos contaba entonces como acababa de salir de la cárcel y lo que se alegraba de vernos, de como quería cambiar su circulo de amigos para reconducir su vida. Nos contaba que ahora su único amigo era un heroinómano que había conocido en la cárcel. Sin duda el encontrarnos debió ser como una señal divina, una mano que le echó una fuerza superior para salir de esta. Le dimos nuestro número de móvil y el se lo apunto en un papel, no tenía movil prometió llamarnos… pero nunca lo hizo. Hoy en día no tengo ni idea de saber que fue de el. A otros compañeros de clase puedo localizarlos por Facebook o LinkedIn y verles con sus hijos o visitando el Caribe en su luna de miel, también puedo ver sus trabajos rimbonbantes en sus cuentas de LinkedIn y a veces me pregunto que se esconde de verdad en sus vidas detrás de la fachada que nos construimos todos en las redes sociales. Pero D.A. es una persona sin huella digital, no se que ha sido de el, fue una persona que se aparto un poco del camino, y se coló por las rendijas de la sociedad y cayó en otro mundo, mundo del que pocos consigues salir escalando dejándose las uñas y la energía en ello. No puedo dejar de pensar de vez en cuando como dos personas con puntos de partida bastante similares llegan a sitios muy distintos y no puedo dejar de pensar como una simple ayuda en algún momento determinado pueda cambiar el curso de la vida de una persona para siempre.

No se que impacto haya tenido yo en la vida de D.A. probablemente poco o nada, pero a mi el si me afecto en mi vida, procuro exprimir lo máximo de mi punto de partida y ayudar en la medida de lo posible a quien veo a mi alrededor para que también pueda exprimir su punto de partida.

Saludando a conocidos

Hace mucho que no escribo por aquí y hoy se me acaba de pasar por la cabeza una historia tonta que cada vez que la recuerdo me provoca como poco asomar una sonrisa en mi cara, a veces incluso una pequeña carcajada.

Resulta que cuando estudiaba en la universidad tenía la extraña costumbre de estudiar por las noches y volver a primera hora por la mañana a casa a estudiar. Un días tras una de estas largas noches de estudio volvía a casa y mientras esperaba el autobús me puse música que unida a mi sueño me hizo entrar en una especia de trance.

En ese momento apareció una figura conocida que se iba acercando en el horizonte, mis adormecidos ojos consiguieron fijarse en ella y captaron los siguientes detalles: persona en sus 50 con pelo cano, y cara perfectamente afeitada, de esta que siempre parece suave y blandita. Mi cerebro sin desperezarse del todo reconoció a mi tio Angel y fue a darle un beso como normalmente solemos saludarnos en mi familia.

Sucedió que este ser comenzó a recular conforme yo me acercaba a darle tan afectuoso saludo. Ante esta reacción mi cerebro decidió despertarse ya que parecía que algo no andaba bien. En ese momento me encontré tratando de darle un beso al director de mi antiguo colegio y el hombre trataba de zafarse como bien podía mientras probablemente se preguntaba bajo el efecto de que droga me encontraba en aquel momento. Según me di cuenta de ello no ayudo mucho que me diera un ataque de risa. Tras un apretón de manos el hombre se escabulló como bien pudo.

Supongo que a fecha de hoy aun se anda preguntando en que parte de la educación se equivocaron conmigo y donde me torcí. Una tontería de historia, pero a mi siempre me saca una sonrisa y aun espero a ver como huye la próxima vez que me vea.